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NaturalezaVolcanesEl volcán de sal de Dallol es el conjunto consumado de paisajes

El volcán de sal de Dallol es el conjunto consumado de paisajes

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Silbia Lopez de Lacalle es un consumado ejemplo de lo que sucede cuando se unen periodismo, ciencia y la creatividad artística. Esta vitoriana, que ahora es responsable de prensa del Instituto de Astrofísica de Andalucía, lo reflejó a la perfección en su nuevo texto, Expedición al volcán de sal (Ed. Guadalmazán), donde se combinan acuarelas, fotografías y texto para hablarnos de uno de los lugares más singulares del planeta, Dallol, el volcán de sal de Etiopía que ha formado uno de los paisajes más bellos que existen. El texto fue galardonado con el prestigioso Premio Prismas cuando aún era una obra inédita.

PREGUNTA.- Cuando es más sencillo que nunca enterarse una imagen, ¿de qué sirve acogerse a la pintura?

RESPUESTA.- La pintura aporta una belleza que no tiene la fotografía, que te da precisión, pero la acuarela te da un trazo fino y unos toques difícilmente comparables. Aunque incluí fotos para que las personas creyeran lo que decía, porque las cosas que vi parecerían inventadas si no las acompañaba con una foto.

P.- ¿Cuál era la conexión entre el texto y los dibujos? ¿Qué fue primero?

R.- Los trabajé al mismo tiempo, porque después de una semana muy intensa de madrugar donde la cabeza no funciona por el calor, se me ocurrieron muchas cosas sin saber qué hacer con ellas. Empecé pintando todo lo que veía, y cuando tuve un portafolio muy gordo de dibujos, pensé en hacer una exposición. Pero mientras pintaba me documenté, porque durante una semana no tuve tiempo de entender cómo se formó este volcán. En definitiva, el dibujo y la investigación se vincularon para marcar la estructura del texto.

“Nuestro interés por los volcanes viene más allá de la crisis; Lo considero más que belleza”

P.- En su caso, ¿qué es más importante, lo artístico o lo documental? ¿Cómo te mueves entre los dos perspectivas?

Mal (risas). Sé que mis habilidades pictóricas están llegando a cierto punto y no me convertiré en un dibujante hiperrealista, entre otras cosas, porque no me interesa. Como vengo de la pintura abstracta, con muchos colores, me dejo gobernar un poco por el color, porque tengo ese instinto muy desarrollado. Busco que el dibujo sea fiel a la realidad, pero también que funcione como su propia esencia, no solo como una representación de la realidad.

P.- Usted no eligió a Dallol por iniciativa propia; más bien se cruzó en tu camino.

R.- Como casi todos en el planeta, ni siquiera sabía que existía Dallol. Desde hace años, cuando conozco a un investigador que va a viajar a alguna parte, me ofrezco a acompañarlo para hacer lo que sea necesario. Mis sugerencias casi siempre se quedan sordas, pero en este caso tuve la suerte de que Juanma [Juan Manuel García-Ruiz], el geólogo que lidera este proyecto, siempre quiere dar a sus expediciones una huellas un poco más artística.

Quería llevarme a Kenia porque él va muy a menudo, pero cuando me dijo que fuera con él a Dallol, le dije que sí, sin aprender qué era ni dónde estaba, pero creo que salí primero porque Dallol es el único volcán de sal del planeta, y el sistema hidrotermal produce un síndrome de Stendhal permanente que no se da por amortizado.

Los Afar pueden enseñarnos mucho sobre cómo afrontar el cambio climático

P.- ¿Cómo describirías a Dallol? A veces no parece un sitio de nuestro planeta.

R.- En el texto lo describo como el conjunto consumado de paisajes. Por varias razones, estando en una grieta continental, en un desierto de sal, donde no crece nada a kilómetros a la redonda, donde todo es rojizo, y de repente subes a la cima de una montaña muy pequeña y encuentras el espectaculo de color más hermoso, extravagancia y forma que el ser humano puede contemplar y que todavía cambia cada día. Comparé cómo cuando vemos un paisaje nevado, el blanco casi nos quema las retinas; pues ahí pasa lo mismo, solo que con el color.

P.- Este es un sitio que acumula muchas áreas de interés científico: geológico, paleontológico, incluso biológico, encima de las personas que lo habitan. ¿Cómo filtras todo este contenido en una semana en medio del flujo de datos que te llega?

R.- Allí tomé todas las anotaciones a mano mientras dibujaba. Mi interés por varios temas apareció allí, pero en algunos casos se volvió completamente posterior. Allí, como les dije cuando llegamos, no se hablaba de Dallol como un volcán, sino como un protovolcán. Se sabía que había una cámara de magma subterránea que intentó ascender, pero al no presentarse a la superficie, la superficie se hincha, pero no hay residuo, por lo que no se considera un volcán. Y fue muy bonito, porque allí, mientras subíamos al volcán, uno de los geólogos del montón miró al suelo y dijo: «¿Pero quién dice que aquí no hay lava? Esta es muy claramente una corriente de residuo volcánica, lo que pasa es que no es negra, sino rojizo y por eso confunde.

Entonces hubo muchos momentos de descubrir algo nuevo, pero en otros casos llegaron mucho más tarde, porque allí convivíamos con los guardias Afar, los habitantes del Triángulo de Afar, que son una etnia de pastores nómadas con un modo muy extraño de la vida, y con quien no nos pudimos comunicarnos. Pensé que el capítulo de Afar sería sobre su resistencia al calor, pero luego en España comencé a repasar sobre ellos y su comienzo se expandió. Asimismo, te atormenta un poco la sensación de que estamos perdiendo algo hermoso porque estamos igualando a toda la población del mundo.

P.- Son formas de vida que nos pueden enseñar muchas cosas frente a las duras consecuencias que ya está provocando el cambio climático en nuestras sociedades…

R.- Por supuesto. Como pastores nómadas, no pueden darse el postín de agotar los pastos que hacemos los demás. No producen residuos; entre los afars no existe el concepto de basura, todo se usa. Esta es una forma de vida muy limpia, muy estricta. Pero ahora viene el cambio climático o las plantaciones masivas a través de empresas extranjeras, y todo eso está limitando esta forma de vida que, como dices, tiene mucho que enseñarnos, todavía en cuanto a lo que significa la ayuda comunitaria: estas personas o se ayudan entre sí o muere. Tienen unos principios muy claros para sostener la verdad, si la persona que está a tu lado ha perdido sus camellos, tienes que compartir con él, porque te puede pasar a ti, etc. Nos pueden enseñar mucho sobre nosotros que somos más individualistas, más derrochadores.

«El volcán de sal de Dallol es un síndrome de Stendhal permanente»

Pregunta: La aparición del texto coincidió por un momento de gran interés por los volcanes…

R.- Llevo muchos años enamorado de los volcanes, como una década. Desde que fui a Islandia, me han interesado mucho los lugares con una geología desenfrenada, como Galápagos, donde casi se siente respirar el planeta. Nuestro interés por La Palma viene de la crisis; me acerco a esto más desde la belleza, cómo la orogenia crea hermosos espectáculos ante, durante y después de que suceda. Por supuesto, a veces nos quedamos atrapados en el medio.

P.- Pero Dallol es un volcán diferente…

R.- Bueno, a primer aspecto nadie diría que Dallol es un volcán. De hecho, el primer artículo sabio que lo sugiere es del año pasado. Cuando el mar se seca, lo que sucedió en Dallol, la sal se espesa y forma una llanura de sal. Se cree que en el Mediterráneo puede haber volcanes de sal donde el magma está intentando ascender, pero lo que llega es sal fundida. Esto sucedió en Dallol; ves esta montaña, que es una montaña rojiza y baja, de solo 40 metros, y en el cráter en lugar de ver azufre, como puedes ver en el Teide, o roca basáltica, negra y oscura, ves un sistema hidrotermal de colores. Entonces es muy difícil que a primer aspecto Dallol parezca un volcán.

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